domingo, 9 de mayo de 2010

Siete vidas como los gatos

En ocasiones tengo la sensación de que estoy de
vuelta. De vuelta de todo - de mi todo. Seguramente en esas ocasiones este cansada, cansada de vivir -de vivir mi vida-. Posiblemente en esas ocasiones tenga ganas de huir de aquí -de mi aquí y ahora-. Sin embargo, en esas ocasiones, me pregunto si no sería posible tener siete vidas -siete vidas como los gatos-.
No hablo de volver atrás y desandar lo andado. No me refiero a cambiar lo experimentado. No pretendo mejorar lo hecho. No quiero tratar el arrepentimiento, porque para mí es sinónimo de cobardía. Es injusto. Es renegar de uno mismo y eso no debe hacerse nunca.
Imaginemos que tenemos la posibilidad de reinventarnos cada "x" tiempo. Un total de siete veces. De trasladarnos a otros aquí y ahora, de cambiar ese todo y continuar la vida con lo aprendido, pero desde otro ángulo. Desde otra perspectiva. Otra nueva vida. Manteniendo parte de lo anterior. Desprendiéndonos de aquello que impide romper con el pasado. Vivir por vivir. Simplemente. No vivir por cumplir. Siete veces, siete vidas, como los gatos...

martes, 13 de abril de 2010

Sueño. Luego, Vuelo.



Siempre es así. Primero un terremoto interno. Después cierro los ojos. Sueño, corro, huyo, me voy lejos... Soy libre. Vuelo.

Hay dos cosas que me gusta hacer por encima de cualquier otra: soñar y viajar. La primera la hago a menudo y con mucha facilidad. La segunda siempre que puedo, aunque menos de lo que me gustaría, ya que mi bolsillo no siempre lo permite.
Conjugar ambas es una mezcla explosiva a la par que atractiva. Generalmente su unión viene precedida por días inciertos y desconcertantes. El ritual siempre es el mismo. Cierro los ojos. Busco en mi memoria las fechas del próximo fin de semana, el puente más cercano, la fecha más inmediata y factible. Seguidamente abro un buscador de vuelos. Elijo como ciudad de origen, casi siempre: Madrid (Barajas) -por cercaría y realismo-. Siguiente paso y el más electrizante, ciudad de destino, pensemos, tal vez, Nueva York (JFK).
El buscador comienza a pensar... Aparecen los precios, horas de salida, de llegada, las escalas. Escojo mi vuelo y empieza el sueño. Preparo mis maletas. Casi siempre voy ligera de equipaje. Casi siempre soy yo misma la parte importante y una tímida maleta de mano de acompañante. Pasaporte. Control de Seguridad. Tarjeta de Embarque. Instrucciones de las azafatas. Saludo del comandante y rumbo a las alturas. Me imagino llegando a mi destino. Respirando otro aire. Sintiendo otra brisa cálida a mi alrededor. Recibiéndome una noche naranja y una luna resplandenciente y baja con forma de pomelo. Sigo soñando.
Si conozco el lugar de destino, sé por dónde pisar. Las calles por las que pasear. Dónde tomar un café. Dónde parar. Sino, tiro de Google Earth y me hago una nítida idea. El resto, imaginación.
Quizás toda esta parafernalia simplemente sea una manera infantil de escapar. Una forma de huir de esos días inciertos y desconcertantes. Seguramente su planteamiento solo busqué alejarme de una realidad que en este preciso instante me oprime y detesto. La excusa perfecta para no crecer y aprender a afrontar lo adverso del camino llano y asfaltado. Por eso vuelo.
Pero al menos así, me siento libre, me siento fuerte. Mi ser se desvanece cuando se entremezcla con las nubes y lo que queda de él atravesando las alturas es fuerte como una roca. Me como el mundo. Aunque solo sea soñando. Aunque solo sea viajando. Pero solo por eso elijo sueño, y después, vuelo.

viernes, 9 de abril de 2010

Me he vuelto a enamorar


Me he vuelto a enamorar. Una vez más he vuelto a reincidir y como una colegiala me he dejado atrapar por tus brazos de alquitrán, tus luces de cristal, tu cielo encapotado, tus túneles internos, tu vida de calle... por tí.

Tal vez nunca dejé de quererte. Esta es la verdad. Recuerdo aquel septiembre de 2003 en el que comenzamos a conocernos en serio. Yo paseaba tímida e indecisa por tus arterias con fachada de calles. Me sentía extraña, desubicada, más bien, pero no puedo negar que este desconcierto tenía su encanto, hasta tal punto, que acabó convirtiéndose en una adicción.

Con el paso de los días, los meses y las estaciones nos fuímos jurando amor eterno con la boca pequeña. Superado el estado de obnubilación pertinente, fruto de la novedad, vimos que lo nuestro iba en serio. Ese querer y no querer formaba ya parte de nuestras vidas. Sin embargo, ingenua de mí, seguí creyendo que esa magia tal vez se la debía a los otros, a los que también entregaba mis días y con los que inevitablemente me acercaba aún más a tí. Cada rincón tuyo me hacía saborear un buen momento, un gesto de sorpresa más, un estado de expectación diferente y aún más sobrecogedor que el anterior. Pero no tardé en descubrir la otra cara, la de las tormentas internas, desengaños bañados de melancolía, sueños truncados sin haber empezado, gritos ahogados por tu ruido y sin tu calor. Siempre con los otros. Siempre dentro de tí. En ese preciso instante fuí consciente de que los otros no eran justificación. Habían dejado de serlo definitivamente en el momento en el que muchos de ellos se exiliaron y de nuevo nos quedamos tú y yo, cara a cara, una vez más.

Antes de esa nueva prueba de sinceridad, nos fuímos infieles consentidamente, obligadamente. Yo decidí coquetear con otras ciudades, amenazé con renunciar a tí de forma definitiva, me llené la boca de falacias y juré no volver jamás. Entiéndeme, el dolor no se cura con las noches etílcias de tus calles. Demasiados recuerdos en la mente como para ser ahogados en una copa de JB con un chupito de tequila. No quería engañarte a tí, no quería engañarme a mí. No era el momento.

No debo reprocharte nada. No entra en nuestros planes. Pero también conozco tus devaneos con otras almas nocturnas y soñadoras a las que intentaste capturar con tu olor a asfalto y tu música de barrio.

Una vez más, este otoño, volvimos a encontrarnos. Me acogiste con tu garra de acero y ruido sin darme tiempo para reaccionar. Volvimos a hipnotizarnos y aquí estamos una vez más. Yo enamorada de tí, de tus días y tus noches, tus sonrisas sinceras y tus alaridos desgarradores. Y tú, rascando lo que queda de esa niña soñadora que decidió crecer a tu amparo y ahora no sabe vivir sin tí, por mucho que lo niegue.

Lo sé, lo sabes. Aún no nos hemos entregado del todo. Aún no hemos dado ese paso decisivo con vuelta atrás. Pero sabemos que no tardará en llegar. Una vez más el desconcierto con envoltorio de encanto nos atrapará y seguirá esta carta de amor eterna, esta unión inquebrantable que ya nadie podrá romper. Simplemente porque tú ya eres parte de mí, yo soy un trozo más de tí.

Quizás vuelven las infidelidades pasadas en forma de futuro con otras ciudades y calles. O tal vez, simplemente sea infiel a todo el mundo por fidelidad a tí. Hoy necesito decírtelo.

Te Quiero Madrid.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Llegan Vientos de Tormenta... Huele a Primavera


En la primavera soy débil. Su inestabilidad temporal hace que mi equilibrio emocional sucumba. El torbellino de aromas, colores y cambios de temperatura me acaba arrastrando hacía lo más profundo de mi fuero interno enfrentándome con mis filias, fobias y temores. Por eso odio esta estación, porque con su cambio de ritmo se desplega ante mí un manual de dudas sin resolver. Porque en primavera me siento desnuda y desangelada en medio de la noche. Solo por eso... te odio, un año más. Y ya van 24...


A lo largo de nuestra vida aparecen numerosos interrogantes en nuestro camino. Muchos de ellos los derrumbamos sin apenas quererlo. Otros se esfuman con el tiempo. Algunos permanecen durante un periodo determinado -realmente, el que nosotros deseamos-. Pero ciertamente, hay algunos que por más que nos empeñemos nunca no serán desvelados. Sí. Estos son los peores. Los que nos hacemos a nosotros mismos.

Sigo sin entender por qué reniego de los números pares en todas sus vertientes, mientras que adoro los impares en todas sus formas ¿Manía? Sigo sin comprender por qué odio la Navidad. Que yo recuerde ningún reno de Papá Noel, Rey Mago o incluso el mismísimo Niño Jesús me han hecho nada hasta la fecha. Pero aquí llega mi odio más inexplicable. Mi repulsa hacia la primavera.

A una servidora dicha estación no la altera la sangre, hace que me hierva. Llega el 21 de marzo y por más que evite el calendario sé que el olor a flores frescas intenta atraparme. Ocurre lo mismo con los domingos. Es el único día de la semana que no pasa desapercibido. Los domingos, uno se levanta y sabe en qué punto de la semana se encuentra. Esto no ocurre un miércoles o un martes. Solo los domingos.

Pero, volvamos a mi estación predilecta. Situémonos en febrero. Algo en mí comienza a barruntar la llegada de la primavera, mejor dicho, a temer. No cambia nada que el tiempo no acompañe como ocurre este año. Podríamos pensar que estamos en invierno...pero, no. Es primavera. Intento evitar el calendario. Trato de poner la mejor de mis sonrisas cada día ante su llegada. Me preparo, simplemente, para que no me pille desprevenida. Pero, siempre me acaba derrumbando.

¿Por qué? Tal vez porque en primavera siento que debo salir a la calle corriendo y disfrutar del entorno que me rodea. Porque me siento obligada a ser feliz por los días de sol y buen tiempo que se avecinan. Porque tengo que sonreír al ver como la gente -generalmente parejas- disfrutan tirándose en el césped más cercano. Porque debo agradecer que los días sean más largos. Porque, porque... ¡no! Esto no se lo debemos a una estación. ¡no!

No disfruto teniendo más horas de luz porque soy un animal nocturno. No quiero disfrutar del entorno que me rodea porque no llueve. Es más, disfruto mojándome bajo una tormenta invernal. No disfruto observando a parejas besuconas en los parques. No me agita el corazón un sol más constante. Nací en otoño y a dicha estación le debo mi llegada al mundo.

Amo el naranja otoñal. Adoro el gris invernal. Admiro el amarillo estival. Pero reniego del lila primavera.

viernes, 26 de marzo de 2010

Iniciación Al Poker


No se atreve a apostarlo todo aunque tiene de nuevo las mejores cartas.

Ya ganó una vez. Todavía lo recuerda. Aquella noche estaban los mejores. fue demasiado facil.

Jugó porque si perdía no perdía tanto. Ahora, en cambio, todo parece diferente, con el bolsillo lleno de monedas no se vuela tan alto. Millonario, pero todavía jugador amateur, todavía huele a farol la escalera que tiene entre las manos.

Esta noche no es su noche, la mesa está llena de millonarios y de principiantes.

Ahora lo sabe, fue solo un golpe de suerte. Quien se fía solo de la suerte, en realidad, no se fía tanto. Las cartas sobre la mesa. No ha perdido mucho pero, una noche más, hubiera ganado.

martes, 9 de marzo de 2010

Quiero ser como "El Nota"


La gala de los Oscar del pasado domingo no destacará por ser diferente al resto. Fue como casi todas: previsible. La mayor parte de estatuillas doradas ya tenían dueño antes de la ceremonia. Las quinielas volvieron a acertar -podría ocurrir lo mismo con las de fútbol-. Todos los pronósticos se cumplieron y el duelo "ficticio -morbo" entre Avatar de James Cameron y En tierra hóstil de su ex mujer Kathryn Bigelow, no lo era ni para ellos, ya que el director de Titanic celebró los premios de su ex con más ilusión que los propios. La explicación es sencilla, los Oscar dan prestigio, sí, pero el dinero lo da la taquilla... y de papeles verdes ya ha llenado sus arcas el canadiense, y de Oscar, dicho sea de paso, también...aunque no con sus seres animados, sino con el trasatlántico más conocido de la historia. Y Bigelow, sí, se llevará la satisfacción de ser la primera mujer en ganar este premio, pero su tierra hostil, seguirá siendo poco fértil en taquilla...como hasta ahora.


De la gala... no mucho más. Meryl Streep volvió a llenar la pantalla con su amplia y cálida sonrisa a pesar de no llevarse el premio, pero no importa, sigue siendo la eterna nominada y eso ya es mucho. ¿Nadie la hace sombra? -pensará...-. En cambio el premio se lo llevó Sandra Bullock, sí, la que un día antes fue galardonada con los anti-oscar en la cateogría de peor actriz...cosas de Hollywood.


Penélope sabía que no era su año y decidió disfrutar de la gala y de su novio macho ibércio -entiéndase, Bardem-. Ben Stiller volvió a "hacer de payaso" para suerte de todos. Steve Martin y Baldwin hicieron una conducción de la gala digna, aunque permítanme que me quede con Buenafuente en los Goya. Campanella desbancó al gran Haneke en la categoría de mejor película extranjera. Tarantino y sus Malditos Bastardos pasaron con más pena que gloria por el Teatro Kodak. Y Jeff Bridges....sí, siempre nos quedará "El Nota".


El carismático personaje de El Gran Leboswki de los Coen se llevó un merecidísimo Oscar a mejor actor y tal vez a su carrera profesional. Yo me alegro, porque a pesar de la poca capacidad de sorpresa de la meca del cine, siempre nos quedará gente como él, como Bridges, como "El Nota".

jueves, 4 de marzo de 2010

Historias Mundanas


Faltan cinco minutos. ¡Vamos, deprisa! El cansancio oprime mi cerebro. Necesito llegar a casa. No puedo perder el autobús. Sería un suplicio tener que esperar hasta el siguiente. Hoy no. Precisamente hoy no... Es la última parada de metro. República Argentina y Avenida América. No hay fallo. No voy a mirar el reloj. Llego, lo sé. Tengo que llegar... ¿Por qué estamos parados tanto tiempo? Apenas unos centímetros me separan de la estación... ¡Bien! Sonó el pitido. Al fin se cierran las puertas...¡Cuánta gente va hoy en el vagón! Sería terrible padecer claustrofobia... Al menos aquí... Ya estoy, ya estoy... Tocará correr hacia el intercambiador... Vamos... ¡Qué fatiga! Y las escaleras mecánicas no funcionan... Toca correr literalmente... ¡Perdón! (Odio chocarme con la gente... a veces mi cuerpo es vapuleado hasta cinco veces en menos de diez metros...) ¡El autobús! ¡Aún está ahí! Llego, llego... Buf...


Todos los días sale a las ocho de trabajar. Es puntual para entrar. También para salir. Y más hoy que hay partido. Hasta que llegue a casa tocará peregrinar por varias líneas de metro. Línea 10 hasta Gregorio Marañón. Linea 7 hasta Avenida América. Este transbordo es el peor. No por la distancia entre ambos andenes, sino por el tiempo de espera. Nunca falla. Nunca será inferior a 5 minutos. Espera que hoy solo sean cinco. Hay partido. Le gustaría llegar a la primera parte. Podría decirse que camina con los ojos cerrados soñando con los minutos de espera. Confía en que sean cinco... Tiene cierto recelo en mirar al marcador que indica el tiempo de espera. Alza la cabeza... ¡NOO! ¿10 minutos? Es un hombre tranquilo. Pero estalla a pie de anden. Transmite su indignación a la joven de al lado que asiente con la cabeza. No, no es suficiente. Necesita alguien que le ayude a descargar su impotencia. Mira al lado izquierdo. Un hombre mayor le mira con pena. Comienzan a entablar una conversación sobre el Metro de Madrid. La charla pasa por la época de Franco y finaliza con el Real Madrid de Bernabéu. Se abren las puertas. Llegó el metro. El hombre tranquilo entra apaciguado. El hombre mayor entra sonriente. El reloj marca 0 minutos.


Suena el despertador. Sonríe. Sabe que le tocará "poner las calles" un día más -como le comenta siempre una amiga-. Sabe que asistirá a un nuevo amanecer. Observará como se apagan las luces de las farolas. Es demasiado pronto. Pero sonríe. Tiene ganas de llegar al metro. Le espera un largo viejo a los pies de Madrid. Pero sonríe. El viaje es el de todos los días. En cambio su sonrisa está más acentuada de lo normal. Se viste. Desayuna. Sale de casa. Compra el periódico. -El nerviosismo se apodera de ella-. Se introduce en el metro. Baja las escaleras. Llega al andén. Inquieta, extremadamente inquieta. Espera la llegada del metro como un niño espera la visita de Papá Noel. Sabe que se podrá sentar en el vagón. Tiembla el suelo. Se ve la máquina a lo lejos. Se acerca... Se abren las puertas. Se sienta. ¡Al fin! Abre su bolso y saca su tesoro. Hoy estrena libro de lectura. Una nueva historia entre sus manos. Una nueva vida que hacer propia. Un nuevo mundo por descubrir. Hoy está de estreno. Toca soñar. Se cierran las puertas. Comienza su viaje a otra realidad.


Una extraña. De esta manera se define a los cinco minutos de viaje. Es el mismo recorrido de todos los días. Ciertamente, bien podría ser el mismo autobús. Pero no es la hora de siempre. Ella pertenece al grupo de las 9.30. Hoy tuvo que coger el -del grupo- de las 8.00. No son las caras de siempre. Pero ellos no son los extraños. Es ella. Lo sabe. No están las dos mujeres que siempre comentan la cena de ayer y la prevista para hoy. No está aquel señor con gafas que chasquea sus dedos cada mañana. Tampoco encuentra a la joven que bosteza puntualmente cada cinco segundos. ¿Y el chico de ojos azules? No, tampoco... Ni la mujer de labios enfermizamente rojos o la chica de mirada triste. Ni el hombre que agarra el cinturón del autobús con fuerza o la estudiante que tiene una carpeta para cada día de la semana. No están. No son su grupo. No es su hora. La extraña en el bus de las 8.00 es ella. No recordarán su cara. El grupo sabe que no volverá más. O al menos no cada mañana como hacen el resto. Por eso la miran con recelo. Por eso le trasladan su indeferencia. No es uno de los suyos. Lo sabe. Lo saben. Es la ley del autobús.

viernes, 26 de febrero de 2010

Haneke, El Mazo De Hierro

Es el año de Michael Haneke, su "cinta blanca", por la que deambulan todas las sombras del fascismo, ha llegado a los cines de todo el mundo, sin hacer tanto ruido como otras producciones cinematográficas, pero con el sello indiscutible de su autor. Y es que el cine de Haneke, se mire por donde se mire, deja una pesada huella.

El austriaco ha vuelto a golpear con su mazo de hierro en el suelo de Hollywood y esta vez, el eco de su único golpe, seco, aséptico, frío, no podrá pasar inadvertido para los miembros de la academia. El veterano realizador ha necesitado diez películas y un solo remake para situar su cine en lo más alto del panorama europeo.


Este año Cannes se ha rendido a los pies de su última producción, como ya ocurriera hace cuatro años con su magnífica, intencionadamente ralentizada y delirante "Caché". Pero entonces, Haneke era solo un director en ciernes, cuyo verdadero potencial tan solo había comenzado a entreverse a merced de la tardía difusión de la magistral "Funny Games", probablemente su película más conocida y redonda hasta la aparición de esta "Cinta Blanca". Antes, el cineasta ya había dado a luz una trilogía, tres películas, aparecidas entre 1989 y 1994 que, acuñadas bajo el elocuente título de "trilogía de la violencia" sentaban las bases de lo que sería su cine en años venideros pero que, incomprensiblemente, fueron ignoradas por la crítica. De este compendio, llama especialmente la atención "El video de Benny", un film sobrecogedor, con una cuidadísima austeridad formal, que llega al espectador como una patada en el estómago.


Un magnífico director de actores, como demuestra el realismo de la puesta en escena de esa pianista llamada Isabelle Hupert o la insoportable radiografía de la desesperación que encarna el colosal Ulrich Muhe, en "Funny Games", pero sobre todo, un excepcional realizador, con un dominio de la narración cinematográfica pocas veces visto en el circuito del cine comercial europeo.


Haneke provoca pero nunca miente, Haneke es, probablemente, el mejor domador de la violencia fuera de plano que ha dado el séptimo arte. Con su mazo de hierro, con su ritmo lento, elegante y natural, sus películas hablan de la soledad y de la miseria humana sin pretender nada más que eso, retratar lo vacío que es en realidad el vacío entre las personas.

Tan solo Antonioni, en su tratamiento del ritmo narrativo y, aunque en menor medida, el español Jaime Rosales, en el uso de los encuadres y de la cámara fija, se acercan a la maestría del austriaco a la hora de dirigir una película.


Controvertido, osado y profundamente violento, aunque nunca mostrando violencia explícita en sus cintas, Haneke ha conseguido con su estilo a la hora de rodar que la barrera, ya de por sí excepcionalmente débil, que separa la cruda realidad del cine crudo (sn cocinar con artificios), se haga todavía más difusa.



lunes, 22 de febrero de 2010

Inocencia Interrumpida


Un, dos, tres... ¡Mierda! ¡He vuelto a fallar! ...

Cuánto añoraría volver a ser una niña. Al menos hoy. Al menos por un instante. Siento que me hago pequeña. O quizás el mundo se me ha hecho grande.


Estoy cansada de vivir en este lugar de adultos que no detectan más allá de lo que ven sus ojos. No saben mirar.

Estoy aburrida de pertenecer a esta tierra de experimentados que no oyen más allá de lo que entra en sus oídos. No saben escuchar.

Estoy saturada de pisar este suelo de maduros que no perciben más allá de lo que roza su piel. No saben sentir.

Estoy molesta por habitar en esta vida de mayores que no olisquean más allá de lo que se adentra en su nariz. No saben respirar.

Estoy fastidiada por residir en este planeta de grandes que no captan más allá de lo que cae en su lengua. No saben saborear.


Mi inocencia se ha interrumpido. Mi ignorancia se ha desmembrado. No hay marcha atrás.

Mi paciencia se ha consumido. Mi calma se ha resquebrajado. No hay vuelta de hoja.

Pero mi asombro infantil sigue intacto y su mentiras, recelos y males mayores no calarán en mi pequeño ser.


Un, dos, tres. ¡Lo conseguí! No soy como tú. No soy grande.

domingo, 21 de febrero de 2010

Introspección


El otro día me plantearon una pregunta:

- ¿Qué es lo que quieres?

(De inmediato, en mi cabeza apareció una respuesta):

-Sé muy bien lo que no quiero y por descarte...

- No. Eso no vale. No te he preguntado por lo que no quieres.


Desde entonces llevo varios días tratando de contestar a la cuestión. Desde entonces, -cumpliendo el deseo del que me planteo la duda- estoy intentando saber quién soy y hacia dónde voy. Huelga decir que aún no he sido capaz de obtener nada, al menos coherente, al menos rotundo.


No pretendo ser esquiva. Mucho menos tirar por la vía fácil o rápida. Nunca fuí amiga de estos atajos. Sin embargo, no creo en la rotundidad y más cuando hablamos de la vida. Si algo creo es que nunca llegamos a conocernos a nosotros mismos, y por ende, tampoco a los demás. Somos personas y por esta naturaleza, venimos con los errores de fábrica instaurados en nuestro mecanismo.


Si algo creo es que sé lo que me une a alguien. También lo que me separa. Sé que tengo unos valores y unos principios hechos propios a lo largo del tiempo. Asimismo, sé que a veces su cumplimiento se me escapa, por aquello de los errores, por eso de la inexistente rotundidad.


Sé como me gustaría ser. Sé muchas cosas que quiero. Sé aún más las que rechazo. Pero es difícil decir quién soy, cuando ni tan siquiera sé si el reflejo del espejo me corresponde. Yo soy la que se ve al otro lado. Tal vez ese reflejo es el que ven los demás. La imagen que sale en una foto. La cara que gesticula en un vídeo. La voz que oigo grabada... Pero realmente, ¿esa es la que yo quiero? ¿esa soy yo? ¿me gustaría serlo?


Tiraré de genios para cerrar mi reflexión. Decía Shakespeare -en la boca de Hamlet-: "solo sé que no sé nada". Dice Benedetti -y lo pongo en mi boca-: "En la razón solo entran las dudas que tengan llaves".


Siendo esto cierto, si hoy soy algo es un mar de dudas. Pero al menos, éstas son las que yo elijo y pongo forma de llave. Y aunque no sepa demasiado, solo sé que no saber nada, ya es algo.

sábado, 30 de enero de 2010

Buena Suerte Haití


Se acerca el desenlace de tu relato. Se terminó el líquido del tintero negro reservado para tí. Las ondas radiofónicas dejarán de evocar tu nombre con amargura. Se acabaron los mintuos televisivos con una notoria presencia tuya. Es el momento de pasar del presente al pasado reciente.
Te preguntarás por qué. Te daré alguna respuesta: los muertos ya no están apilados en tus calles. Las barricadas del infierno han desaparecido. La polvareda se ha esfumado con el viento. El olor a muerte se marchó de tu cielo gris.
Y tú me dirás que los muertos ahora están bajo tierra y estarán presentes eternamente, pues lo que te falta, te abandona menos.
Y tú me responderás que las barricadas se disiparon, pero su remanente quedará grabando en cada trozo de suelo sobre el que reposaron, porque la sangre jamás desaparece.
Y tú me llorarás que el polvo material y blanquecino fue lavado por la lluvia de la piel, pero el agua no llegará nunca a limpiar esa mancha negra y desgarradora del corazón.
Y tú me gritarás que el olor de los cadáveres fue sustituido por el aroma de la nada, pero también del olvido, el abandono y la desesperación.
Tú, Haití has dejado de estar de actualidad en eso que llaman Primer Mundo. Aquí consideran que poco a poco la normalidad se va instaurado en tí. Pero, ¿qué sabrán ellos de normalidad? o, mejor dicho, ¿qué sabrán ellos de tí?, me preguntarás. Nada. Lo sé. ¿Crees que en algún momento llegaron a saberlo? Se hicieron eco de cifras. Abarrotaron sus bases de datos de imágenes. Desplegaron ayuda humanitaria. Desplazaron numerosos extranjeros a tu tierra con una etiqueta de corresponsales. Sí... hicieron todo eso...
Y ahora...¿qué?...
Buena suerte, Haití. Te dirán...

domingo, 24 de enero de 2010

Malditos Bastardos


El Sr. G ni tan siquiera respeto la emotiva despedida de los blancos a su memorable holandés, Ruud Van Nistelrooy. La noche pintaba amable. Y Cristiano... al fin, se encontraba con el gol. El luso, como acostumbra, cada balón que cogía quería convertirlo en un nuevo tanto. Marcó dos. Y seguramente podría haber enfundado alguno más. Hacía de todo, sacaba faltas, sacaba de banda, regateaba, pases... disfrutaba. Pero al Sr. G no le gusta verle sonreír. Al Sr. G no le gusta que haya vuelto a reencontrarse con el gol. Y por eso, el Sr. G fue implacable. Decidió mandarle al vestuario hoy, y le recetó reposo para el próximo fin de semana, con una amable roja directa. No sea que se anime el "alegre" portugués. - Dicen las malas lenguas, que su blanca sonrisa asusta en Camp BarÇa-.

Me aburre -con mayúsculas- el caciquismo imperante en la Liga Española, entiéndase, Villarato. No soy amiga de argumentos victimistas, ni cánticos llorones. Pero hoy, con una victoria en la mano, dispongo de un buen respaldo para sostener mi alegato. No obstante, para los que aún así pongan en entredicho mi pensamiento -postura respetable-, diré que "llorar" por defender lo que es de uno, nunca fue cobarde. Es innato al ser humano. Cuidar lo que le pertenece. Asimismo, también es justo, jugar en igualdad de condiciones. Y en esta liga - de las Estrellas, dicen...- ese equilibrio no existe.


Debo decir que no justifico el "gesto" de L´Enfant Terrible -Cristiano-. Pero tampoco creo que merezca justificación que Toribio desborde a Albiol echándole fuera del campo con un golpe en el costado. ¿Acaso es válido que desborden a Cristiano en el área con ocasión clara de gol y no se pite nada? ¿Es pasable que dejen regalitos a Guti en los tobillos y por esas entradas deba abandonar el campo? Sr. G. Si tenemos una medida, ¿sería mucho pedir aplicarlar a todos por igual? O... ¿este Súper BarÇa no lo es tanto... y necesita de su ayuda?

Presumía en mi cabeza otra entrada en mi blog. Hecha con más razocinio, creada en las ganas de escribir, filosofar y jugar con la inspiración. Pero la impotencia se adueño de mis pensamientos. Hoy escribo desde la ira a esos "malditos bastardos", porque por suerte en este blog no hay caciquismo. Ni lo habrá. Y por ese motivo, mañana, hoy y siempre escribiré de lo que salga de mis santos ovarios, así como de mi onírica cabeza.
Buenas noches.

miércoles, 20 de enero de 2010

PINCELADAS


Los elefantes de Dalí no comieron nunca peras de Cezanne. De haberlo hecho sus piernas no serían tan delgadas como los alhambres.

Me gusta pensar que a Munch le irritó ver cómo los amantes de Klimt se besaban.

Después de todo, no fue el perro de Goya quien le arrancó la oreja a Van Gogh, fue el niño paralítico de Bacon que también camina a cuatro patas.

martes, 19 de enero de 2010

El maestro de los ojos de pez


Pensando en cronopios llegué -como era de esperar- a Cortázar, su creador. Y recordé una frase de Albert Plá que le definía como "el maestro de los ojos de pez". La subrayó. Hoy no entraré a divagar en por qué era un maestro. Prefiero quedarme con sus ojos de pez, con su mirada gris, con su gesto alicaído. Esa excepcional forma de visualizar el mundo y transmitirla con su pluma onírica.


Me gustan los genios atormentados. Los personajes de vida alboratada que tienen un hueco en la historia. Quizás por eso, ya de pequeña me enamoré de Larra. De ese romántico empedernido que decidió quitarse la vida a punta de pistola a los 27 años. Por este mismo motivo y compartiendo espacio en mi -por áquel entonces- tierno corazón estaba Riego. Ese liberal puro que fue ejecutado el mismo día en el que 165 años después yo nacería. Puede que no sean los exponentes más representativos de una vida convulsa. Pero al menos lo son de un final no feliz. Y de una vida llena de vida, que será eternamente recordada gracias a su muerte.


Sin embargo...me gustaría terminar con Charles Bukowski. El icono por excelencia del realismo sucio, de la literatura independiente y miembro honorífico en el club de los escritores malditos. Convulso, desarraigado, rompedor, revolucionario, conmovedor... Bukowski era todo lo políticamente incorrecto. Pero... por encima de todo y de él mismo, era un genio al que no le gustaba serlo. Aunque no por ello dejaba de admirar la grandeza de los otros:


"Conocí a un genio en el tren hoy como de 6 años de edad se sentó a mi lado y mientras el tren avanzaba a lo largo de la costa llegamos hasta el océano entonces él me miró y dijo, no es hermoso. Fue la primera vez que me percaté de ello." C. Bukowski.

jueves, 14 de enero de 2010

La Alargada Sombra De Maradona


La sombra de Diego Armando Maradona es, todavía hoy, demasiado alargada, y a la sombra hace demasiado frío.


El Delantero del F.C.Barcelona, Lionel Messi, fue galardonado hace algunas semanas con el Premio FIFA World Player en una gala previsible y anodina (como son todas las galas deportivas en las que se conocen los resultados de manera anticipada) celebrada en la helvética ciudad de Zurich. El enésimo reconocimiento para el santafesino en un año, el 2009, en que lo ha ganado casi todo, tanto a título individual como a nivel colectivo. Y digo casi porque el mejor futbolista del planeta no cuenta aún con el respaldo de la hinchada argentina y esto, dejando de lado todo tipo de discusión chauvinista, no deja de resultar paradójico. Lo crean o no, cuando "la pulga" se enfunda la elástica albiceleste es solamente eso, una pulga.


El problema quizas tenga que ver con el gusto de los argentinos por endiosar seres humanos. Maradona colgó las botas hace ya demasiados años, pero sigue llevando a cuestas ese dudoso disfraz de mito viviente, interminablemente "resucitante", cada vez que pisa un terreno de juego. Maradona es el héroe del pueblo, un héroe de uñas sucias, el hijo del polvo. Lo era como futbolista y lo seguirá siendo siempre. Por todos es conocida la predilección de los "barras bravas" por el polvo. Messi no sabe lo que es jugar un solo partido del Torneo Apertura, es un exiliado, un fugitivo, el diamante de la Masía blaugrana, un diamante con demasiado brillo.


Resulta inevitable no caer en comparaciones, en todo caso odiosas, entre uno y otro, pero el debate adquiere una nueva dimensión si tenemos en cuenta que ambos están ahora en el mismo barco, y maradona tiene el timón y Messi es solo uno más a bordo. ¿Será capaz el controvertido seleccionador albiceleste de sentar en el banquillo al mejor futbolista del mundo? Probablemente no, pero hoy por hoy es más facil que "El Cholo" Simeone releve a Maradona en el banquillo argentino a que Messi pase a ocupar el sitio de "el pelusa" en el terreno de juego. Maradona no tiene relevo como futbolista porque no tiene ni tendrá nunca relevo como "personaje", como mito, y la barrera entre una y otra acepción se ha ido haciendo con el transcurso de los años y de los acontecimientos, insalvable.


La cita mundialista de Sudáfrica dictará sentencia y probablemente todos puedan salir beneficiados del envite, porque Argentina se la juega, una vez más, como casi siempre. Y una vez que termine el Mundial regreserá el debate (siempre ocurre lo mismo en el fútbol) y nacerán en un futuro nuevos Leo Messi pero siempre bajo la alargada sombra de Maradona, siempre muertos de frío.

lunes, 11 de enero de 2010

Hay sitio para todos


Había oído hablar sobre la película en varias ocasiones. Había visto algún resumen en televisión. Había escuchado algún comentario por parte de allegados. Había leído algunas críticas en prensa escrita e Internet. Finalmente, después de tanto "había", decidí ir al cine. Sabía que era una especie de "ahora o nunca". Puesto que había muy pocas probabilidades de que viera un filme de estas características en el DVD de mi casa. Primero por la temática -la ciencia ficción nunca fue santo de mi devoción-, segundo porque se "aconseja" ver la película en 3D. En definitiva, con una mezcla de expectación, incertidumbre y escepticismo me dirigí a la sala de cine a disfrutar de Avatar.

Me alegro de haberlo hecho. Es más, recomiendo la experiencia. Vayamos por partes. El guión no ofrece nada nuevo bajo el sol. James Cameron -Titanic, Terminator, Aliens- decidió dejar de lado el lápiz y tirar de efectos especiales -de esos que tanto gustan en Hollywood-, dando lugar a una cinta previsible, a la par que sencilla y con un mensaje notable, digno de ser repasado. Piano. Me creo a Sam Worthington -protagonista principal-. No es el papel de su vida pero lo defiende con acierto. Confiaba -y acerté- en la presencia de Sigourney Weaver. Y he de decir que me inquieto el malo malísimo , con escuadra y cartabón, del bueno, perdón, malo, de Stephen Lang. Los efectos en 3D son dignos de mención. Envolventes, inquietantes y mantienen el climax durante toda la película. En cuanto a esto, la duración, aquí viene la anécdota. Entré al cine a las 20.20 horas. Lo abandoné a las 23.oo horas. Sí, casi 3 horas sentada en la butaca sin descanso de por medio. Casi 3 horas que me parecieron la mitad. En resumen, Avatar me entretuvo. Y al fin y al cabo, solo buscaba eso -que no es poco-.

Como reflexión final apuntaré que en la gran pantalla sigue habiendo sitio para todos. Volviendo al había; había escuchado que este es el cine que nos espera. Es más algunos críticos señalaban que de ser así esto, ellos se apeaban del tren. No estoy de acuerdo. El cine en 3D, a día de hoy, solo encaja con películas de esta índole. Plagadas de efectos especiales con grandes dosis de ciencia ficción. Al otro lado seguiremos contando con otras ofertas. Pequeñas producciones, cine de autor, diversas temáticas... En la variedad está el gusto. Y por suerte, hay sitio para todos.

martes, 29 de diciembre de 2009

Renovarse o Morir


Según el conocido psiquiatra austríaco William Stekel: "La costumbre es el enemigo del hombre. Renovarse es el secreto de una vida plena".
Ante la llegada de un nuevo año y bajo el amparo de una nueva década, parece inevitable no hacer balance personal, a la par que tirar de una nueva lista de propósitos de enmienda. A priori, resulta absurdo que al saltar de un calendario a otro -la mañana del 1 de enero, somos los mismos que la noche del 31 de diciembre- nos den ganas de renovarnos, de pulirnos y comenzar depurados desde el minuto uno de ese día uno. Sin embargo, lo hacemos. Y, sin embargo, es positivo, o tal vez, necesario, hacerlo.
Es hora de realizar una introspección personal. Toca pasar los fotogramas de los últimos meses ante nosotros y decidir cuáles no queremos volver a repetir -o dejar que vuelvan a aparecer-, al tiempo que confirmamos las imágenes -en forma de flash mental- que más nos han agradado.
A partir de aquí toca creer en uno mismo. Creer en el optimismo. Confíar en que lo positivo, lo bueno, siempre permanecerá sobre lo negativo. Eso sí, en parte gracias al azar, y en parte gracias a uno mismo.
Finalmente, de manera casi inesperada saldrá esa nueva lista de propósitos para el año venidero. Felices, o al menos satisfechos la guardaremos en nuestra mente y nos sentiremos renovados. Sin darnos cuenta nos creeremos una persona más fuerte la mañana del 1 de enero, que la noche del 31 de diciembre. Sin apenas atisbarlo, habremos dejado de lado al peor enemigo del ser humano: la costumbre, para continuar en la búsqueda de una vida plena como decía Stekel.
Feliz 2010.

martes, 22 de diciembre de 2009

Me niego


Hoy tengo ganas de decir que no. Hoy me niego a la Navidad tal y cómo la conocemos en nuestros días. Me niego a sentirme obligada a vivir en paz y amor en estas fechas, porque es Navidad. Me niego a poner mis principios en cuarentena y sonreír a todo el mundo, porque es Navidad. Me niego a dejarme embaucar por las luces de colores y las melodías con sabor a mazapán, porque es Navidad. Me niego a ir con mi tarjeta de crédito en la mano, porque es Navidad. Me niego a ser obligatoriamente feliz, porque estamos en Navidad. Me niego a tirar de supersticiones, porque es Nochevieja, y por ende, Navidad. Y con esto, no niego la Navidad. Simplemente rehuyo de imposiciones camufladas entre villancicos, polvorones y nieve.
Hoy tengo ganas de decir que intentaré ser feliz siempre, independientemente de la fecha que marque el calendario. Sonreiré a la vida como acostumbro, así como a los que me rodean, los 365 días del año. Me dejaré embaucar por aquella melodía que merezca la pena y por aquel pequeño detalle que así lo merezca, a lo largo de todo el año. Seguiré creando mis propias filias y fobias sin tirar de las predeterminadas -entiéndase llevar algo rojo-, ante las nuevas hojas del almanaque que estamos a punto de desplegar. Y nunca olvidaré aquella melodía de una rumba que dice "el secreto no esta en la tumba sino en el vivir" (sea o no Navidad).
Felices Fiestas.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Vinagre y rosas (Viudita de Clicqout)


A los quince los cuerdos de atar me cortaron las alas,
a los veinte escapé por las malas del pie del altar,
a los treinta fui de armas tomar sin chaleco antibalas,
Londres fue Montparnasse sin gabachos… Atocha con mar.

A los cuarenta y diez naufragué en un plus ultra sin faro,
mi caballo volvió solo a casa, ¿qué fue de John Wayne?
Me pasé de la raya con tal de pasar por el aro,
con 60 qué importa la talla de mis Calvin Klein.
Foto: El País (Dominical) 13.12.09
Nunca suple templar la guitarra que embrida mi potro,
cuando el dealer me dijo que si no le dije que no,
la hormiguita murió, la cigarra se murió con otro,
yo aposté por las fichas caídas de tu dominó.

Allons enfants de la patrie,
maldito mayo de París,
vendí en Portobello los clavos de mi cruz,
brindé con el diablo a su salud.

Se llamaba Rebeca la gringa que empató conmigo,
me sacaba la lengua en lugar de enseñarme a besar,
me compró una tormenta después de robarme el abrigo,
con la espalda mojada no hay nada peor que soñar.

Negocié tablas al ajedrez: tu alfil por mis peones,
abrevé en los pezones con sal de la mujer de Lot,
antes de que tiñera noviembre mis habitaciones,
descorché otra botella con la viudita de Clicquot.

Allons enfants de la patrie,
maldito mayo de París,
vendí en Portobello los clavos de mi cruz,
brindé con el diablo a su salud.

Mi manera de comprometerme fue darme a la fuga.


Joaquín Sabina (2009)

domingo, 13 de diciembre de 2009

La Vida Secreta de Las Palabras contra La Insoportable Levedad del Ser


Me esfuerzo. Lo intento sobre manera. Trato de ser lo más precisa posible en el siempre complicado proceso de ir modulando mis pensamientos desde la parte de arriba de mi ser, y sentimientos, desde el centro neurálgico de mi yo. En un momento dado ambos se unen, desconozco a qué altura, ya que no siempre es la misma. Finalmente, los dos caminan de la mano hasta mi boca y yo los escupo en forma de palabras. Sí, los escupo. ¿De qué otra forma pueden salir los sentimientos y pensamientos si no es de ésta?

Una vez más es imposible. Un nuevo fracaso. Jamás lograré soltarlos de una forma pura. Jamás conseguiré expresarlos sin dañarlos por el camino. Una vez más la culpa es de las palabras. Esas infieles compañeras a las que siempre recurrimos por la inexplicable manía de poner un nombre, una palabra a todo. Hasta a los hechos más nimios, hasta a los más evidentes.

Sigo sin obtener respuesta a esa duda que siempre me atormenta. O las palabras tienen vida propia, una vida secreta. O la levedad del ser es mucho mayor de lo que ya suponía. Y ante esto, ¿qué puedo hacer sino resignarme?

Seguiré escupiendo por aquella manía de acompañarlo todo con palabras. Seguiré intentando ser precisa en el proceso de elaboración. Seguiré fracasando una vez más, para mi desconcierto.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Celda 211


¿Cómo se siente un presidiario? Insignificante, atemorizado, angustiado, asqueado, con miedo, con rabia, con ilusiones, sin ellas…. ¿Y un presidiario ante un motín en su módulo? Valiente, desconfiado, temeroso, expectante, fuera de sí. –Demos una vuelta de tuerca más- ¿Y un funcionario encerrado en un motín carcelario? Asustado, indefenso, agobiado, irracional, temeroso, ágil, pensativo, triste…

Daniel Monzón –director de Celda 211- logra que el espectador se suba a una montaña rusa de sensaciones desde el minuto 1 de la película y no se baje hasta la aparición de los créditos habiendo experimentado todos y cada uno de los estados de ánimo citados anteriormente. Como les digo, el principal culpable de este improvisado parque de emociones es el autor del filme, pero los cómplices son un elenco de actores que sacan lo mejor –o lo peor- del personaje que deben interpretar. Un sublime Luís Tosar –que huele a Goya- encabeza el grupo, seguido de un desconocido –para muchos- Alberto Ammann, el apache Carlos Bardem, un nada cómico –y menos simpático- Antonio Resines, y una sobresaliente actuación secundaria de Marta Etura.

Hechas las presentaciones, pasemos al argumento. La película como su nombre atisba, se desarrolla en una prisión de Zamora, en concreto en un módulo donde cumplen condena los presos más peligrosos. En este lugar se destapa un motín carcelario quedándose –en pleno estallido revolucinario- encerrado un joven funcionario a punto de incorporarse a su trabajo. A partir de aquí la trama se convierte en un tiovivo de historias que nunca terminan de decantarse por un rumbo fijo dando lugar a una historia global con multitud de giros para deleite del espectador.

Habiendo pasado por el argumento, prosigamos. ¿Qué siente el espectador cuándo abandona la sala de cine? ¿Qué pensamientos transitan por su cabeza? La respuesta es: muchos. Daniel Monzón logra crear una crítica al sistema tan grande y sólida como su película. Celda 211 es una revisión exhaustiva del mundo entre rejas. Desde dentro hacia fuera. Desde los de fuera y desde los de dentro. Abusos de autoridad, exceso de poder en manos incapaces de controlar tanta responsabilidad, la mano dura de la vieja guardia contra las métodos dialogantes de los nuevos, la burocracia lenta, la democracia que brilla por su ausencia… Pasemos al otro lado. A “la basura que apesta y hay que apartar” como dice Malamadre. Al lugar donde prima la ley del más fuerte, la lucha contra el más débil, el liderazgo entre los que no tienen nada que ofrecer, ni nada que perder. La confianza, el recelo, la fuerza bruta, la inteligencia en el último suspiro.

En resumen, ¿qué pasaría si realmente se diera un motín como el zamorano?
A modo de reflexión: el sistema pretende la reinserción social de los presos ¿solo demagogia y palabrería? ¿realmente funciona para el que tiene una extensa condena y nada al otro lado?

Una rotunda afirmación: En España se sabe hacer cine, y a veces, también del bueno. Vean Celda 211.

martes, 8 de diciembre de 2009

El Miedo Escénico


Un cronopio amigo mío está rodando una película. Es director. Tiene el dinero y el argumento pero necesita un actor, un actor-cronopio, se entiende. El problema es que los cronopios no saben estar solos a la hora de interpretar. A lo largo de la última semana, parece haber encontrado la solución a su problema y esta consiste en contratar a dos actores. Pero dado que el texto está pensado para ser interpretado por un solo personaje, ha de tomar ahora una nueva decisión; incluir un nuevo personaje en la trama o despedir a un actor.

Incorporar a un nuevo personaje implica asignar un papel a cada actor, dejando, que duda cabe, a cada cronopio-actor solo ante el texto. Esta opción, en caso de ser la adoptada, jamas funcionaría, ya que ninguno de los dos cronopios podría superar su miedo escénico, al disponer de un papel cada uno, al encontrarse definitivamente solos a la hora de actuar. Si, por el contrario, mi buen amigo, despide a un actor, la película no podrá en ningún caso ser rodada, porque jamás un solo cronopio será capaz de interpretarse a sí mismo.

A estas alturas, la película debería haber echado a andar hace ya algunas semanas, pero lamentablemente, no es asi. Hay un director y un texto y uno o dos personajes y uno o dos actores, pero, sencillamente, no hay ni podrá haber nunca una sola película.

Ayer por la noche, mi buen amigo me telefoneó entrada la madrugada para decirme que mañana mismo comenzará a rodarse su película. Al parecer, ha contratado los servicios de uno o dos dobladores para tratar de paliar así las carencias interpretativas de sus actores.

Desde muy joven, siempre se ha manifestado contrario al doblaje y a todo tipo de actividades similares que, según su propio punto de vista, restan belleza y naturalidad al conjunto de la obra artística.

Nunca un doblador podrá hablar como habla un cronopio, pero tal vez dos...

Bienvenidos

Si en un cajón de sastre uno puede encontrar todo tipo de útiles de costura, el número de cosas por descubrir aumenta hasta la infinidad si hablamos del cajón de un cronopio. Para los que desconozcan la existencia de estos seres, diremos que son personajes imaginarios e irreales ideados por el gran escritor argentino Julio Cortázar. Por lo tanto en su íntimo y pequeño reducto del escritorio pueden esconder literatura, sueños, ensayos sobre la música, el cine o los deportes... En definitiva la vida en estado puro. Os invitamos a zambulliros en sus pertenencias a través de este pequeño reducto escondido en la red de redes, a través de este Cajón del Cronopio. Bienvenidos.